Confinamiento CREATIVO

¿Por qué no aprovechar estos días de confinamiento para explorar nuestra creatividad? Es momento de compartir tus relatos, dibujos, cuentos y demás creaciones artísticas con el resto del mundo, ¿te animas? 

Hoy os compartimos este estupendo relato que nos hace llegar Vanesa desde el distrito Centro. ¡Gracias Vanesa! 

Vals de Amèlie

Levanta la cabeza. Cepilla sus dorados cabellos, arregla su corsé favorito, se coloca cuidadosamente el fino vestido y sale de la habitación.

Elegante, baja las escaleras de su modesta casa, sale al pueblo en su carroza negra como el ébano, da un paseo a través de las intricadas calles hasta que da con un mercadillo, en el que compra una serie de baratijas, da vueltas mientras ríe. Finalmente, la hora de regresar a casa llega y, con una dignidad propia de su clase, eleva el mentón arrogantemente y entra de nuevo en la negra carroza. Cuando llegó a su destino, se dispuso a coser un nuevo pañuelo. Leyó un libro. Tomó su preciado té negro.

La tarde cae y ella se dirige al piano. Mueve sus manos como danzantes bailarinas, creando una melodía con alma propia, que corre, respira, grita y se esconde, susurra. Le da vida a una historia. La siente trepar por sus nervios.

Cae la noche. Prepara su máscara y su nuevo vestido. A escondidas, sale de su mansión magnánima y se dirige al enorme portón principal, donde un discreto carruaje desentona entre tanta opulencia.

Llega a su destino. Pasea entre los bellos jardines, bebe del más exquisito champán, come los más lujosos manjares. Después de tanto, se sienta en una esquina del salón principal, atestado de gente, con una mueca aburrida dejándose ver en sus delicadas facciones. De pronto, él aparece. Baja las escaleras con una apropiada lentitud, suficiente para dejar a su público expectante. Mientras, escanea toda la sala con una vivaz mirada, buscándola. Finalmente la encuentra.

Se acerca a ella como una elegante pantera, su cabello color ébano brillando gracias a los solemnes candelabros, listo para atacar a su presa en cualquier momento. Cuando la alcanza, le pide la mano y la lleva a uno de los jardines exteriores.

Repentinamente, todo se llena de color. Se escabullen entre matorrales, espesas enredaderas y arbustos. Entran en lo que parece ser una profunda cueva, pero salen con rapidez. Se encuentran en un prado lleno de flores: Margaritas, claveles, rosas y gardenias llenan de colores las verdes praderas. Miran a su alrededor con dicha, disfrutando de la belleza salvaje e indómita que los rodea. Ríen y bailan al son de sus propios latidos, enredando sus pies. Juegan y se aman, juntos. Muy juntos.

A pesar de todo, el tiempo, caprichoso y egoísta, les arrebata los últimos momentos juntos y se escurre entre risas y caricias. Ella se va, muy a su pesar. Él vuelve a dormir. Todo vuelve a ser gris.

Ella, en su mansión, llora silenciosa y desgarradoramente. Él se lamenta por todas las palabras omitidas.

Todo para, ipso facto. Aleja sus manos del piano, dando un fin a la historia. 


FIN

Vanesa, Distrito Centro.